Un nuevo informe internacional, 10 New Insights in Climate Science 2025/2026, sintetiza los avances científicos más relevantes de los últimos 18 meses y dibuja un panorama tan claro como inquietante: la crisis climática está acelerándose, mientras los mecanismos naturales que antes amortiguaban el calentamiento comienzan a fallar. Elaborado por más de 70 científicos de referencia mundial, el documento llega en la antesala de la COP30 y sirve como advertencia directa: los objetivos globales de clima están en riesgo si no se actúa con urgencia.
El informe confirma que los sumideros terrestres de carbono —sobre todo bosques y suelos del hemisferio norte— están perdiendo capacidad para absorber CO₂. Décadas de calentamiento han reducido la eficiencia de estos sistemas naturales, que ahora almacenan menos carbono del que la mayoría de proyecciones climáticas suponían. Incluso el océano, el mayor sumidero de carbono del planeta, muestra señales de agotamiento: la absorción se reduce y las olas de calor marinas, cada vez más frecuentes, destruyen ecosistemas y golpean economías costeras.
Ante esta situación, muchos gobiernos han apostado por soluciones basadas en la naturaleza para eliminar carbono, pero el informe advierte de que la confianza depositada en ellas es excesiva. Su despliegue a gran escala compite con la producción de alimentos y la protección de la biodiversidad, y el almacenamiento de carbono es menos estable bajo un clima cada vez más extremo. La conclusión de los autores es tajante: la eliminación de carbono será necesaria, pero no basta con plantar árboles; harán falta soluciones tecnológicas junto a recortes drásticos de emisiones.
El documento también cuestiona la eficacia del mercado voluntario de créditos de carbono, que arrastra problemas de transparencia y fiabilidad. Sin estándares sólidos, existe el riesgo de que se vendan reducciones de emisiones que no son reales, lo que retrasaría aún más la acción climática.
Más allá del carbono, los científicos analizan las razones del calor récord de 2023 y 2024, dos años que han situado al planeta en niveles de calentamiento sin precedentes desde que existen registros. Este aumento extremo de temperatura está vaciando acuíferos en regiones agrícolas clave, reduciendo la disponibilidad de agua subterránea y generando tensiones hídricas tanto en ciudades como en zonas rurales. El calor también favorece la expansión de enfermedades como el dengue, que en 2024 provocó el mayor brote mundial jamás registrado. Los mosquitos que la transmiten colonizan ahora nuevas zonas gracias a temperaturas antes impensables.
El informe señala además efectos sociales profundos: el estrés térmico está reduciendo la productividad laboral de millones de trabajadores, especialmente en regiones tropicales. Con solo 1 ºC de calentamiento global, más de 800 millones de personas podrían verse expuestas a niveles de calor incompatibles con actividades prolongadas al aire libre, con pérdidas de hasta la mitad de su jornada laboral y un impacto directo en economías locales.
La conclusión general es inequívoca: los riesgos climáticos que enfrentamos hoy provienen en su mayoría de la falta de reducción de emisiones en las últimas décadas. La naturaleza no puede compensar indefinidamente nuestros excesos, y los mercados por sí solos tampoco resolverán la crisis. Con la COP30 a la vista y un nuevo ciclo de compromisos climáticos nacionales en preparación, los científicos insisten en que ya no hay espacio para promesas vacías. Las soluciones están identificadas, los límites también, y el tiempo para actuar se está agotando.